Hace 17 años un doctor engañó a todo el mundo y finalmente confesó la verdad ¡Increíble! | Oye Juanjo!


Hace 17 años un doctor engañó a todo el mundo y finalmente confesó la verdad ¡Increíble!


Esta es la insólita historia de Andrew Wakefield, un doctor que engañó a todo el mundo asegurando que había descubierto un fuerte vínculo entre el autismo y las vacunas. Lamentablemente todo era una vil mentira.




Esta es la insólita historia de Andrew Wakefield, un doctor que engañó a todo el mundo asegurando que había descubierto un fuerte vínculo entre el autismo y las vacunas. Lamentablemente todo era una vil mentira.


Tuvieron que pasar 17 años para que el fraude más grande del último siglo se ponga al descubierto. El responsable detrás de este grotesco error es el Dr. Andrew Wakefield, quien en 1998 publicó en la prestigiosa revista médica The Lancet un estudio que intentaba demostrar la relación causa-efecto entre el autismo y las vacunas.

El contenido de este informe no sólo resultaba prometedor, sino que era un aliento hacia las investigaciones futuras que intentaban buscar un modo de evitar el trastorno neurológico que afecta el desarrollo normal de las personas.

Una vez que se desmanteló todo el show, The Lancent se vio obligada a disculparse públicamente por el escándalo. Todo no era más que una invención de Wakefield.


La gran estafa del siglo



Años después del estudio publicado por Wakefield se hicieron millonarias inversiones para tratar de hallar una vacuna capaz de mejorar la calidad de vida de las personas autistas. Lo que este ex cirujano británico sugería tajantemente era que había una relación entre la aplicación de la vacuna triple vírica (paperas, rubeola, y sarampión) frente al desarrollo de autismo en los menores que se les había administrado.

Tal aberración costó años de trabajo en vano, por lo que el Consejo General Médico del Reino Unido decidió retirarle la licencia al corroborar que se actuó con mala intención, tergiversando información, y sobre todo, sometiendo a muchos niños a pruebas innecesarias sin la autorización de sus apoderados.


Pero esto sólo era el comienzo de una historia que comenzaría a desmoronarse con el paso de los años, ya que el periodista Brian Deer publicaría en 2009 un extenso informe que demostraba el fraude de Wakefield, y lo más alarmante, las alteraciones en los datos de los pacientes para cuadrar con las conclusiones que intentaba afirmar descaradamente.


Las víctimas del fraude Wakefield


A la luz de los hechos, se confirmó que fueron 12 niños quienes sufrieron de una serie de experimentos poco éticos. No sólo era una cifra insignificante para considerarse una representación del panorama mundial, previamente cinco menores fueron diagnosticados con dificultades de desarrollo. En otras palabras, la muestra estaba alterada.

¿De dónde provenía semejante frialdad para jugar con los sentimientos de muchas personas que se esperanzaron en el descubrimiento de Wakefield? ¿Quién o quiénes sacaban provecho de esta situación? La respuesta está nuevamente en el trabajo de Deer, quien sacó a relucir que la financiación de esta pseudo investigación correspondía de un abogado que tenía como propósito demandar a las cadenas farmacéuticas que ofrecían la vacuna triple vírica.

Pese a todas las arbitrariedades que cometió, Wakefield insiste que nunca cometió fraude y continúa compartiendo nuevas publicaciones para defender su tesis.



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